PERSPECTIVA HISTÓRICA

Con la palabra del bajo latín "quatrinio" se simboliza el juego de sólo cuatro campanas, pero el origen histórico del carillón se remonta mucho más atrás, pues juegos de cuatro y más campanas aparecen ya en el Lejano Oriente, varios siglos antes de Cristo.

El máximo organólogo que ha existido hasta el presente, el musicólogo alemán Curt Sachs, confiesa humildemente : "No sabemos cómo se originó la campana". Se explaya, eso sí, sobre el empleo de las mismas, su difusión, sus principales usos, los valores mágicos que se le otorgan, el simbolismo de los dibujos que suelen representarse en su superficie.

El peculiar timbre de las campanas, cargado de armónicos, de larga resonancia y lenta extinción, produce una sensación muy particular. Para los oyentes orientales, el timbre de los instrumentos de metal (percutidos) estaba cargado de connotaciones mágicas, pues creían que cuanto más durase el sonido, más le permitiría al oyente percibir la esencia de la sustancia que lo producía. De ahí que las campanas y todos los metalófonos fuesen, y sean, instrumentos predilectos de los pueblos orientales.

Este placer se ve reforzado, en cierta manera, por la dificultad de afinación que ofrecen las campanas, a diferencia de otros instrumentos, que dependen simplemente de la tensión de una cuerda, de una determinada digitación, de la precisa ubicación de los labios en una boquilla o del exacto soplido en un bisel. Una campana, en cambio, debe ser correcta desde el principio. Una vez fundido el metal y echado éste en el molde, sólo resta esperar que se enfríe, que no se quiebre al perder calor y que suene bien. De no ser así, todo el trabajo deberá ser realizado nuevamente. Existe, además, el gran desafío de hallar proporciones exactas para obtener las distintas notas de la escala, pues un simple semitono, en la región grave del carillón, significa, en términos de fundición, nada menos que 700 kilogramos de metal.

En el siglo IX, y quizás antes, los monjes europeos fundían campanas de bronce para hacer carillones afinados en la escala mayor, percutidos por afuera. En el siglo XIII se hacen carillones mecánicos para anunciar las horas al pueblo, conectándolos a los relojes de torres.

El primer mecanismo de tambor (cilindro de púas) que conoce la historia del carillón es del año 1510. Se instaló en la torre de Brujas y posee codificados en su superficie fragmentos del "Veni Sancti Spiritu" y del "Salve Regina". El mismo año se hizo otra importante innovación : se añadió un "teclado" que podía accionar sobre percutores.

En los mismos años se atribuyen los comienzos alemanes en este campo. Integrados en un reloj con figuras astronómicas- datado del S. XV- el sonido de campanas vibraba entre los encajes de piedra de la Marienkirche en Lübeck hasta que el templo fuese destruído por los acontecimientos de la guerra y reconstruído en una versión más sencilla en los años siguientes.

El caso de Lübeck no es único sino se alista en una larga fila de "víctimas"de la II Guerra Mundial- como igualmente dos obras maestras de magistrales artesanos holandeses y flamencos en Danzig, las 25 afinadas campanas del antiguo cabildo de Hameln, las que matizaban acústicamente una famosa saga alemana o como el carillón de Kassel, cuyo material fué utilizado para armamento en una época bélica.

Antes de los bombardeos estos mágicos juegos de campanas, coronando las altas atalayas de las casas municipales o los vetustos mercados medievales, eran como una viviente evocación de las luchas en que cada municipio afirmó su personalidad y proclamó su autonomía. Otras veces, perdidos entre la magnífica talla de grandes catedrales o de venerables iglesias, cargados de recuerdos y de siglos, hablaban de la intensa vida religiosa de un pueblo y de una época. Siempre decían con elocuencia un himno de fé. Era este himno que hizo embelezar hasta el gran maestro Johann Sebastian Bach al oír el carillón de la iglesia militar de Potsdam.

Munich es uno de los lugares que pueden preciarse de un bellísimo carillón que sobrevivió la destrucción. Inaugurado en l906/07, la torre del cabildo encierra 43 campanas de 7800 Kg. de ahí que no pudieron ser quitadas (como en Kassel) sin tener que desmontar el edificio entero. Pero tambien existen ejemplares de recientes fechas como el carillón de Koln, que atrae a importantes maestros de su arte, convirtiendo el bronce en ocasiones especiales en un monumento especial. Cada una de sus 48 campanas es portadora de un lema de su donador- entre cuyos se halla tambien el nombre del gran hombre de estado Konrad Adenauer.

Sin la proposición de agregar más ejemplos de ciudades que han realizado su sueño de un carillón propio glorioso, parece no obstante imprescindible mencionar una peculiaridad alemana al respecto, es decir los carillones de porcelana. Diseñados como campanas de mesa al principio de su marcha triunfal, se destacaban no tanto por su sonido sino por su forma y decorado. Gracias al incansable trabajo en la famosa manufactura en Meissen, al final hallaron su puesto en varias iglesias y torres, enriqueciendo los conciertos de campanas en cuanto a expresión, variación de la intensidad de sonido, igual que pureza de tono. A largo plazo, sin embargo, la porcelana no ha podido imponerse al bronce por la costosa producción y el gasto de trabajo invertido. Una de las pocas joyas que todavía regocijan a la población local como a la multitud de turistas se encuentra en Bremen, donde varias melodías hacen un ejemplo del virtuosismo posible.


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