cuadrado I.III) Su Nombre.

Volviendo a los orígenes, es Roberto Boracchia quien en su libro "Palermo" o "San Benito de Palermo" reconstruye, a través de un exhaustivo estudio de documentos, las versiones sobre la procedencia del nombre dado a estas tierras.

"Con el fin de dilucidar la procedencia del nombre de Palermo, haremos una síntesis de documentos y de libros que al tema se refieren. Es posible, casi seguro, que se encuentren en otros lugares citas sobre este tema, pero la raíz primera del nombre aplicado al lugar geográfico que nos ocupa puede hallarse en las que mencionaremos.

En "El Buenos Aires de antaño", dice Luis Cánepa (página 2O4 y siguientes) que este paseo fue antiguamente "un lugar inculto y abandonado. Don Juan Manuel de Rosas adquirió esos terrenos en 1836 para levantar su residencia veraniega, comenzando inmediatamente la construcción, la que fue terminada a mediados de 1838, poco antes de fallecer su esposa. El nombre de Palermo se lo dio el tirano. Por haber existido cerca de allí, en dirección a Belgrano, una capilla bajo la advocación de San Benito de Palermo, santo negro, se le ocurrió bautizar su propiedad con el nombre de Palermo de San Benito y así encabezaba los documentos y correspondencia que en ella firmaba".

Y continúa diciendo el autor, con el fin de afirmar la paternidad del nombre a esa versión: "Aparte de otras versiones que consideramos sin fundamento, existe una que merece ser tenida en cuenta, pues ella atribuye el origen del nombre a un pescador que por allí vivió, apellidado Palermo, nombre que en una escritura de 1694 se adjudicaba; bien pudiera ser que el tirano, por uno de sus tantos caprichos, haya asociado la denominación existente a la de la mencionada capilla."

Por nuestra parte, frente a la interpretación que atribuye el nombre exclusivamente a la Capilla de San Benito de Palermo, aportamos la siguiente documentación:

a) Con dos siglos de anterioridad a 1829, año que en un escrito aclaración menciona el señor Horacio Porro Cueli con relación al oratorio en que se veneraban las imágenes de San Benito de Palermo, la nomenclatura colonial ya asignaba a la zona el nombre de Palermo. En la relación de Pedro Esteban Dávila, remitida a España en 1635, en su carácter de Gobernador (Archivo General de Indias, de Sevilla; Escribanía de Cámara, Leg. 903 Pza. 29-13-0), al describir la zona ribereña urbana se refiere al lugar "lo que llaman de Palermo "

b) Asimismo, la hipótesis sostenida por el historiador Ricardo M. Llanes, basada en tradición oral, refiérese a la pequeña capilla sin posible determinación que pueda ubicar en el tiempo, con antelación al documento antecedente del punto a).

c) Rómulo Zabala y Enrique de Gandía, en la "Historia de la Ciudad de Buenos Aires" se refieren a Juan Domínguez Palermo, para afirmar "cuya chacra dio origen al nombre del actual parque de Palermo".

d) Juan Domínguez Palermo, como es sabido, figura en la lista de armas del 8 de octubre de 1602, cuando dice "hecha la lista pareció Juan Domínguez Palermo, a caballo, con todas armas". Es el mismo Palermo a quien se nombra Regidor el l de enero de 16O5.

(Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires). Y el mismo que figura en la nómina de "Quartos Pobladores", 1 de junio de 1615. (Acuerdos, Tomo III, libro III, Ed. 19O8 ) .

Si bien, como se ve, el nombre de Palermo proviene de tres siglos y medio atrás en el tiempo, con especial mención en dichas antiguas crónicas y acuerdos referidas a un personaje así apellidado, el nombre de nuestro barrio se afirma desde cuando Rosas lo aplica a su residencia que se sentó en el centro mismo de la zona poco poblada a la sazón pero que desde entonces comenzó a crecer."

Este paseo, por su belleza, extensión y diseño, fue motivo de admiración y de comentarios tanto de nativos como de extranjeros. Forestier dijo cuando nos visitara, en el informe que más adelante se tratará con detalle:


cuadrado PALERMO

El gran Parque de Palermo es incuestionablemente una de las maravillas de Buenos Aires.

Se llega hasta él por la Avenida Alvear, que es ya bastante amplia y hermosa como está, pero que sin duda lo sería más aún, si se la ensanchara con dos veredones o contra-calles que dieran cabida cada uno a tres hileras de árboles, sino más.

Esa avenida va a desembocar en la plazoleta en que se levanta el Monumento a los Españoles.

Valdría la pena de que también la referida plazoleta fuera agrandada en las mismas proporciones, lo que se conseguiría simplificando una parte de los jardines colindantes, sobre todo aquella en que se formó en el césped una hondonada que difícilmente se justifica en ese sitio.


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